“El conocimiento puro se olvida, pero si se imparte con amor trasciende”
Estimado Lector. Esta vez vamos a hacer un viaje a través del tiempo hacia los mejores momentos del aula de clase. Quizás, su mente lo transporte a esos instantes que quedan implantados en la memoria de por vida. Tal vez, mientras lee estas palabras, a su mente lleguen vagos recuerdos del colegio, quizás, ese día en el que saliste de la casa para entrar en el asombroso mundo del conocimiento y la educación, y que, algunos jamás lo dejan… ¿Está preparado para esta pequeña excursión?… Tres, Dos, Uno… ¡Arrancamos!
¿Cuánto es dos más dos? (2+2=?) ¿Cuál es la capital de Colombia? ¿Quién Descubrió a América? ¿Cuál es el número de su cuenta de ahorros? Las respuestas a estas preguntas quedan tan impregnadas en nuestra mente que evocarlas no cuestan más de una milésima de segundo. Gracias a nuestra gran memoria de largo plazo y de trabajo: tenemos unos conocimientos que nos acompañarán hasta el último día.
Pero, ¿Qué pasa con nuestras emociones? ¿Acaso ellas no aprenden? ¡Y vaya que sí lo hacen! Para que algo sea recordado a la perfección debe repetirse miles de veces, o debe tener una emoción muy fuerte que lo acompaña, de lo contrario, nuestra sabia mente envía todo a una papelería de reciclaje que pronto terminará por vaciarse.
Qué tal si hacemos una prueba de lo que leyó aquí arribita. Voy a desafiar a su mente para que piense un poco más de lo normal; sí, algo así como un examen… muy bien, empecemos.
¿De qué color era el pantalón que usó antes de ayer? ¿Qué almorzó el martes de la semana pasada? ¿Recuerda algo que hizo el 15 de mayo? (no aplica para el que cumpla años en esta fecha) ¿Recuerda el sermón de la semana antepasada? (tranquilo, yo tampoco). Son preguntas algo extrañas, pero reflejan que una vida pasa por nuestra mente y otra por nuestras emociones. Veamos a continuación otras preguntas.
¿Cuándo conociste a tu mejor amigo (a)? ¿Cuándo fue tu primer beso? ¿De qué color eran los ojos de tu primera mascota? ¿Cómo huele tu comida favorita? Estas preguntas son, quizás más difíciles que las anteriores y obligan a evocar ciertos elementos específicos, sin embargo, aquí actúan nuestras emociones y se puede recordar todo con detalle (hasta el olor de la comida aunque sea difícil de describir).
Tal y como lo diría el Psicólogo Daniel Goleman “Las emociones afectan nuestra atención y nuestro rendimiento”. Así que si quieren recordar algo de por vida o aprenderlo, es necesario una emoción poderosa que acompañe ese momento. Si es Docente el que lee estas palabras: ¡Haga que sus estudiantes se emocionen! No permita que se sienten en un pupitre a recordar conocimiento mientras su imaginación vuela. Cuénteles una historia interesante, haga que se cuestionen, hagan que se muevan, que bailen, que se rían, que disfruten del conocimiento. Díganlo en una canción, ¿o acaso no recordamos las canciones de primaria?
Es difícil en un sistema tan cuadriculado cumplir todo lo mencionado con anterioridad, pero la mente humana es brillante por naturaleza, no hay que dejar que se apague esta vela con el viento de la mediocridad y la rutina.
Los niños y jóvenes tienen en sus manos un mundo muy avanzado racionalmente, pero retrasado emocionalmente y si las emociones no van de la mano con la razón seguiremos estancados. Estamos en una era de cambio de sistema educativo, poco a poco el viejo modelo prusiano terminará por extinguirse y habrá un renacimiento de la educación por el bien de la humanidad.
Corolario: Recuerden al mejor Maestro: Jesús de Nazaret, que enseñaba con amor y paciencia a través de historias, parábolas y demás métodos lo que lo hace ser un gran pedagogo. Jesús nos emocionó con su vida y por eso siempre será recordado…
Y para los enseñantes…
Docentes, educar es una labor hermosa. Quizás en esta cultura no se reconoce el verdadero valor de enseñar, pero en sus corazones saben que es el deber más noble que pueda realizarse. Sigan adelante y háganlo con pasión por el futuro de sus estudiantes.

